Carta del Pbro. Camilo Daniel Pérez con algunas reflexiones sobre la llamada “Operación Justicia para Chihuahua”, emprendida y encabezada por el Lic. Javier Corral Jurado desde el inicio de su mandato como Gobernador.
A continuación:
Deberemos considerar que no ha sido fácil la lucha contra la corrupción que se ha enquistado como sistema en el ambiente político, permeando las demás áreas de la vida económica, social, cultural y hasta religiosa. Aun cuando se ve con buenos ojos las luchas emprendidas contra la corrupción e impunidad, se tienen que sortear innumerables obstáculos, entre ellos, los intereses creados por la corrupción misma, los sobornos que recibían algunos medios de comunicación y dejaron de fluir, políticos, dirigentes sociales, personajes influyentes “maiceados”, partidos políticos y funcionarios públicos comprados que ya no reciben su mesada, connivencia con empresas y empresarios, silencios cómplices, etc.
Por otra parte, en la lucha contra la corrupción se tiene que sobrellevar el descrédito generalizado de políticos y funcionarios públicos. Además, se llegó a considerar el “agandalle” (coloquialmente hablando) como un estilo de hacer política, al grado que en el argot popular se decía que en las elecciones convenía que ganaran los del Pri porque ellos robaban, pero al menos repartían. Si la corrupción llegó al grado de la desfachatez y de la sinvergüenza en el tiempo de Peña Nieto, se debió en buena parte a una sociedad complaciente, llena de simulaciones y a una impunidad que hasta rayaba en adulaciones a quienes robaban a manos llenas “sin dejar huella” y que pudieran “andar tan campantes como si nada”.
Ahora bien, deberemos estar conscientes de que una cosa son los rumores y los robos al erario público narrados como anécdotas o secretos a voces, y otra es la “osadía” de judicializar los casos de corrupción para llevarlos al tribunal. Esto es un reto mayúsculo, pues quienes cometen estos ilícitos tienen el poder para encubrirlos y, naturalmente, los ladrones procuran, como dice la canción, “que no quede huella”. Además, estando en el poder, tienen muchos recursos para defenderse como “gatos panza arriba”. Esto lo hizo Peña Nieto con toda su camarilla en la defensa de César Duarte, pues este caso salpicaba a las “altas esferas”. Fue necesario el cambio de gobierno con López Obrador para que el caso Duarte y otros más pudieran caminar con la fluidez que se requería.
Por todo esto, la acción gubernamental llevada a cabo por Javier Corral en “Operación Justicia para Chihuahua”, ha sido un gran reto y una obra titánica, la cual ha sido denostada por quienes se sienten y se saben afectados, ha sido minimizada por otros, pero creo que ha sido valorada por la gran mayoría. El mismo Javier Corral expresa que en su partido “he acreditado muchas veces a contracorriente mi convicción en la lucha contra la corrupción y la impunidad”.
Ciertamente los asuntos de justicia y las responsabilidades de los implicados en asuntos de corrupción deberán resolverse en los tribunales, respetando siempre la presunción de inocencia; sin embargo, el asunto se ha ventilado en los medios de comunicación, al tratarse de personas púbicas como lo son María Eugenia Campos Galván, actual presidente municipal de Chihuahua, y Cruz Pérez Cuellar, senador, ambos aspirantes a la gubernatura del Estado de Chihuahua, quienes son presuntos responsables de actos de corrupción en el período del exgobernador, César Duarte.
A mi parecer, son tres grandes retos que tienen estos dos funcionarios:
1º.- Deberán rebatir con sólidos argumentos los cargos que se les imputan por parte de la Fiscalía ante los jueces. No valen argumentos de persecución política, ni vale ante un tribunal descalificar a Javier Corral de “gobernadorsuelo”. Como lo expresa muy bien Marko Cortés, Presidente Nacional del Pan, “la justicia no se debate ni se regatea”.
2º.- Deberán demostrar con diáfana transparencia ante la opinión pública, que están exentos de todo acto de corrupción.
3º.-Deberán confrontarse con su propia conciencia, pues la connivencia con la corrupción y las “tranzas” tarde que temprano salen a relucir, por así decirlo, en la frente de cualquier persona implicada. Dicen que quienes han gustado de la miel no dejan de acercarse al panal.
Una última reflexión: Esta “batalla valiente y enérgica” de Javier Corral en contra de la corrupción e impunidad, deberá ser ejemplo para nuestra Iglesia Católica en el esfuerzo por lograr una profunda purificación y sentido penitencial al interior de nuestra comunidad católica. Me refiero especialmente a los vergonzosos actos de pedofilia en el clero, así como el mal uso del poder religioso. Afortunadamente el Papa Francisco ha insistido en “evitar que estas situaciones no sólo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertos y perpetuarse”… “las heridas nunca prescriben. El dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo.” Ojalá nos armemos de valor para denunciar estos actos que desdicen mucho de la Iglesia Católica.